Por el Mundo

Berlín, Alemania: el muro de la vergüenza

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Al concluir la Segunda Guerra Mundial, el territorio alemán fue repartido entre las cuatro potencias aliadas; Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética. La ciudad de Berlín, geográficamente dentro del sector otorgado a la URSS, también fue dividida entre los cuatro países. Unos años después los sectores occidentales fueron reunificados bajo la República Federal de Alemania, en oposición al bloque soviético que conformaría en soledad la República Democrática Alemana.

Las dos Alemanias comenzaron una reconstrucción vertiginosa y serían el símbolo de la lucha entre dos mundos durante la Guerra Fría. Pero no pasaría mucho tiempo hasta que la economía socialista empezara a mostrar sus fisuras.

Por la baja productividad, los salarios en la Alemania comunista eran sensiblemente inferiores a los de la contraparte capitalista. Los productos y servicios eran fuertemente subsidiados, lo que daba lugar al tráfico y contrabando entre las dos Alemanias. Las dificultades económicas propiciaron una emigración masiva (en su primer década de existencia, tres millones de personas escaparon hacia el primer mundo).

Durante la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, se colocaron en secreto más de 150km de cercas alambradas que rodeaban por completo la Berlín Occidental, aislando y separando de improviso ideologías, familias y destinos.

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El “corredor de la muerte”, entre los dos muros.

Pasaron casi 30 años de la reunificacion de Alemania con la caída del muro de Berlín, pero aún hoy son evidentes los vestigios del comunismo. Por ejemplo, se puede tomar un café o ir al cine en una de las calles más movidas de la ciudad; la Avenida Karl Marx.

A pocos pasos del centro, el panorama cambia rápidamente y en lugar de rascacielos modernos los edificios parecen cajas de zapatos de seis o siete pisos. La austera arquitectura comunista te hace dar cuenta que estás en territorios de la Alemania Oriental.

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El muro, que inició como una alambrada, fue reforzado con una doble pared de hormigón y un corredor interno minado. Para llegar al resto de Alemania y del mundo sus habitantes debían pasar por el famoso “Checkpoint Charly”, punto de control militar conservado hasta el día de hoy. Por otro lado, los habitantes de la Alemania Democrática debían cumplir muchísimos requisitos para obtener un permiso que les permitiera visitar familiares en la otra Berlín o en el resto de Alemania, y en la mayoría de los casos esos permisos eran negados.

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“Checkpoint Charly”.
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Mensaje avisando que se está ingresando a Alemania Occidental, en inglés, ruso, francés y alemán.

Pero sin duda el mejor testamento de aquellos tiempos turbios es la East Side Gallery, un sector del antiguo muro que se decidió conservar. Distintos artistas de todo el mundo fueron convocados para decorarlo y hoy es una galería de arte a cielo abierto.

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“Moscú. China. Cualquier lugar. Berlín”

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“Currículum Vitae”. Cada rosa representa una víctima del muro, la mayoría de ellos jóvenes escapando de la RDA y fusilados por la guardia fronteriza comunista.

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Manuel Giménez
Autor: Manuel Giménez

Músico oriundo de San Genaro radicado en Turín, Italia.

Intérprete de violín y piano. Estudiante de composición y dirección orquestal.

Se ha desempeñado como primer violín en orquestas de Argentina e Italia, así como docente y colaborador en diversas orquestas infanto-juveniles.

En el papel de intérprete, compositor, arreglador o director, se ha presentado en escenarios de Argentina, Francia, Suiza, Alemania, Italia, Polonia y China.

Contacto:
www.manuelgpiccoli.com
(+39) 347 902 4746 (Italia)

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