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Ejemplo de vida: el ciclista de 83 años

“La bicicleta me salvó la vida”, fue una de los confesiones más sentidas de Mauricio Ramón, la leyenda macielense que este sábado cumplió 83 años. Como no podía ser de otra manera, el festejo lo realizó sobre las dos ruedas.

El reconocido ciclista a nivel mundial no hace alarde de sus logros internacionales, como si fuera poca cosa haber representado a la Argentina en los Juegos Panamericanos de 1959, en Chicago, Estados Unidos. Él sólo repite y agradece tener a su compañera de ruta y poder seguir sumando kilómetros sobre ella.

Este domingo y tal como lo viene realizando, como su propio regalo de cumpleaños, realizó el trayecto de Maciel hasta Barrancas, acortando distancias con respecto a años anteriores, pero con fieles amigos a su lado.

El estilo del festejo ya es una tradición. Hace tres años, para sus 80, el recorrido fue Maciel – Coronda – Maciel, y así fue sumando kilómetros en cada cumpleaños, además de los que realiza periódicamente. “Todos los malos momentos de la vida, que pasé muchos, la bicicleta me ayudó totalmente a sobrepasarlos, y todavía lo sigue haciendo”, indicó, si hasta recordó cómo su amiga lo ayudó a superar un cáncer de próstata, enfermedad por la que fallecieron dos de sus hermanos, uno de los cuales le regaló su primera bicicleta.

“Soy un loco, una cosa rara”, fue su autodefinición, al rememorar que durante su juventud, el resto de los chicos jugaban al fútbol mientras que él comenzaba a serle fiel a su birrodado. “Nadie entendía nada y me invitaban a jugar al fútbol pero no, yo quería correr, salió de adentro mio”, explicó y años después, corrió su primera carrera, el 29 de septiembre de 1944. Luego, la actividad lo encontraría en Estados Unidos, vistiendo la casaca del equipo argentino en los Juegos Panamericanos.

Como una salvadora de vida, el macielense contó que la bici es su medicina para sortear obstáculos, como lo hizo con su enfermedad. “Yo cuando tengo un problema grande, me pongo la ropa de ciclista, agarro la bicicleta y salgo, disfruto andar, me gustan los caminos y la ruta, se que ahí voy a encontrar la solución. Entro en mi mundo único y supero las cosas. A mi la bicicleta me sacó de los peores momentos. Es parte de mí”, señaló.

Fue taxista, tuvo panadería y bicicletería, como algunas de sus profesiones con las que supo ganarse la vida, la que construyó junto a su mujer e hija. “La bicicleta me enseñó lo duro que es la vida y lo que cuesta ganarla. También tuve buenos conceptos de mi padre y del colegio. Nunca me sobró, pero tampoco me faltó”, aseguró.

“La bicicleta me enseñó lo duro que es la vida y lo que cuesta ganarla. También tuve buenos conceptos de mi padre y del colegio. Nunca me sobró, pero tampoco me faltó”

Recorrió el país en dos ruedas, visitó la casa de un corredor y admirador santiagueño que tenía sus fotos pegadas sobre toda una pared de su casa y hasta voló hacia el extranjero para transitar nuevos caminos. Hoy por hoy, con sus 83 años, recuerda con emoción cada detalle de su pasado y por más tropiezos y cambios que haya tenido en su vida, sabe que su fiel amiga lo acompañará por siempre. “La bicicleta fue una pasión que me invadió y que no me va a dejar nunca”, concluyó a la espera de una nueva travesía.

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